sábado, 22 de septiembre de 2018

Convocatoria Comité Permanente 05 de Octubre de 2018


COMITÉ PERMANENTE


Se le convoca al COMITÉ PERMANENTE de la Asociación Lánzate de LGTBI+ de Canarias, a celebrar el día 05 de Octubre del corriente año.

Tras la dimisión del cargo orgánico y de las diversas responsabilidades del Sr. D. Rayco Betancort y cumpliendo con los Estatutos, la Normativa y el Reglamento Interno se procede a un proceso electoral.

Citando en esa fecha a las 20:00H, en primera convocatoria y a las 20:30H, en segunda convocatoria. En la siguiente dirección, La Casa de la Juventud de Arrecife, calle Juan Negrín, 108, 35500 – Arrecife, Las Palmas, con el siguiente orden del día;

  1. Proceso Electoral.
  2. Ruego y preguntas.



jueves, 20 de septiembre de 2018

Laura Pergolizzi & Lauren Ruth Ward (viva el amor) FELIZ FIN DE SEMANA


https://youtu.be/SP4vPWiSnGw


VIVA EL AMOR

Estanbul - City of the Seven Hills in 4K! | DEVINSUPERTRAMP

https://youtu.be/bTcnaCkSchk

UN REGALO PARA LA VISTA

Policía rusa se niega a defender a población LGBT porque “no son un grupo social valido”























Las autoridades policiacas de Rusia se niegan a investigar las amenazas y el discurso extremista de odio en contra de las personas LGBT porque éstas no son consideradas por las autoridades como un “grupo social valido”, según detallaron los medios de comunicación local.
Todo comenzó cuando Anna Plyusnina, asesora jurídica del Centro de Recursos LGBT de Ekaterimburgo, una organización civil que defiende los derechos de las personas de la diversidad sexual en el país, acudió a la policía para reportar sobre la existencia de mensajes extremistas de odio en contra de personas LGBT que eran publicados en línea en diversos sitios de noticia que reportaban hechos relacionados con esta población.
Sin embargo, los agentes de policía anti-extremismo le dijeron que no podían realizar ninguna acción debido a que los mensajes no estaban dirigidos a “ningún grupo de personas por motivos étnicos, raciales, religiosos o por identidad social
Asimismo, la policía le dijo que no hay existían señales de violaciones, incluidas las intenciones extremistas.
Tras el argumentó de las autoridades, Plyusnina aseguró que la falta de voluntad de la policía para actuar en contra de las amenazas en contra de las personas LGBT es ilegal, pues explicó que que existe un fallo del Tribunal Constitucional de Rusia emitido en 2014 que apunta que el Estado está obligado a tomar medidas destinadas a evitar posibles violaciones de los derechos humanos.
La reacción de la policía rusa ante la denuncia de la activista generó descontentó entre los defensores de los derechos humanos en el país, pues en la nación se vive un ambiente hostil y de incertidumbre para las personas de la diversidad sexual.
En 2013 el gobierno de Vladimir Putin promulgó una ley que prohíbe la “propaganda homosexual”, una norma que busca proteger a los menores de edad de los mensajes positivos sobre la homosexualidad.
Los activistas LGBT han denunciado que, bajo la protección de esta normativa, las autoridades impiden manifestaciones y reuniones a favor de los derechos LGBT, y persiguen y reprimen a las personas de la diversidad sexual.
Con información de Znak. Imagen tomada de Noticieros Teevisa.
















Ley de identidad de Género es aprobada y chilenos podrán cambiar su nombre y sexo

El Congreso de Chile aprobó la Ley de Identidad de Género, la que permitirá que los adultos puedan modificar su nombre y sexo de sus documentos
Día histórico. La Cámara de Diputados de Chile aprobó este miércoles el proyecto de ley sobre la identidad de género. Dicha normativa regula el cambio de nombre y sexo en adultos mayores de edad y de los adolescentes de entre 14 y 18 años. El proyecto de ley fue aprobado con 95 votos a favor y 46 en contra, tras cuatro horas de debate.
Al respecto, los parlamentarios chilenos señalaron que dicha ley será válida para adultos mayores de edad y para adolescentes de entre 14 y 18, siempre y cuando los menores cuenten con la autorización de sus padres o tutores legales.
En caso de estar solteros, los adultos podrán hacerlo en el Registro Civil mientras y quienes están casados deberán acudir ante un tribunal de familia. Cabe resaltar que los menores de 14 años han quedado fuera del proyecto final.
Sobre este punto, Jimena Lizama, directora jurídica de la Fundación Iguales señaló que es Es bastante lamentable que niñas y niños no estén contemplados en el proyecto de ley; ellos son sujetos de derechos al igual que los adultos".

¿Qué significa ser transgénero?

Este término hace alusión a las personas cuyas identidades de género son distintas del sexo. El transgénero consta de diferentes identidades, catalogadas de distintas maneras por ejemplo: la androginia, Genderqueer, agénero, tercer sexo, trigénero, bigénero, género fluido, Pentre otros.
Una persona transgénero expresa su género de una manera distinta a lo que la sociedad espera de su sexo biológico.
PUBLICADO ENhttps://larepublica.pe







Adolescencias retardadas y juguetes rotos

 

Desde pequeños, muchos y muchas hemos crecido en una burbuja maravillosa de felicidad inconsciente e irresponsable en la que no tenemos que pensar demasiado. Nuestras preocupaciones no suelen ir más allá de seguir la misma rutina que todo el mundo, ya sea colegio, instituto, academias, deportes, etc. Tras la infancia, llega la adolescencia que es  un proceso fundamental en la que todo lo que creíamos establecido se verá confrontado, tendremos conflictos y deberemos resolverlos, es decir: deberemos hacer frente al proceso de maduración. Un proceso que no será difícil a nivel general, sino que dependiendo de quién seas, con quién te juntes, dónde hayas nacido o con quién te identifiques podrá suponer un incremento exponencial.


Está ampliamente estudiado y documentado que esta maduración es bastante más complicada en la población LGTBI+. Es entonces, para nosotres como comunidad, cuando debemos hacer frente a todos los mensajes contrarios a nuestras identidades, negando quienes somos y/o lo que nos atrae, controlando nuestra apariencia y nuestra forma de actuar, poniendo rejas a nuestra libertad. Y mientras que hay muchas personas cis-hetero (y en bastante menor medida personas LGTBI+) que, junto con un amplio apoyo institucional y social consiguen superar estos desafíos, muchas otras personas quedamos ancladas a conflictos no resueltos que nos lastran. El único resultado que produce esto es una maduración incompleta, que a medida que creces, suma complejos de identidad, complejos de inferioridad, vergüenzas, miedos, y te reduce al mínimo exponente.
Muchas personas LGTBI+ necesitamos toda una vida para deconstruirnos y entender no sólo que no hay nada malo en nosotres, ni en nuestras vidas, ni en nuestras relaciones, ni en nuestras identidades, sino que deberemos luchar (a veces muy sufridamente) para completar nuestro proceso de maduración. ¿Pero es que acaso no es muchísimo más fácil y cómodo seguir viviendo en ese letargo buscando seguir siendo inconsciente e irresponsable? ¿Acaso no nos produce (o producía) verdadero terror tener que ser conscientes de todo lo que hacemos y responsabilizarnos de todas las consecuencias? Seguramente nuestra sociedad CisHeteroPatriarcal y capitalista ayude a una individualidad tóxica que impide compartir experiencias y facilitar el desarrollo personal en común. Pero precisamente porque la maduración en personas LGTBI+ suele ser por lo general mucho más dificultosa, mientras que en la población general la adolescencia se da entre los 14 y los 18 años, otros la pasamos entre los 23 y los 27 o incluso más tarde aún.
Está en nuestra mano enfrentarnos a la ansiedad que nos produce adquirir conciencia, enfrentarnos a la vergüenza de defender nuestras identidades y nuestra perspectiva frente a lo que digan los demás y enfrentarnos al miedo de entender que toda acción tiene sus consecuencias. Pero al menos a mi entender, parece que dicha maduración (y repito, más comúnmente en la población LGTBI+), en la mayoría de los casos, debes hacerla por tu cuenta. ¿Acaso no abundan hoy en día las personas dependientes emocionalmente? Puedo llegar a entender que cueste ayudar a una persona a madurar, porque la maduración lo queramos o no, crea heridas. Madurar es entender que no eres el centro del mundo; madurar es entender que tus acciones tienen consecuencias y que puedes perder a gente por el camino; madurar es plantarle cara a tu “yo” que pretende seguir siendo inconsciente e irresponsable; madurar es aceptar que a lo mejor necesitas llorar todo lo que te enseñaron para poder deshacerte de ello.
Madurar es no buscar responsables ajenos, pero también es no culparse de todo hasta la muerte; madurar es aceptar que a veces te equivocas y aprender de tus errores; madurar es enfrentar las posibles adicciones que tengas (al sexo, al alcohol o a las drogas); madurar es aceptar tu vulnerabilidad y amar esa parte de ti; madurar es relajarte cuando estás con los demás y no compararte constantemente analizando si “va en tu favor o en tu contra”; madurar muchas veces es perder la felicidad que te aporta la inconsciencia y la irresponsabilidad pero poder conseguir otro tipo de felicidad más duradera y estable
A veces las heridas parecen irreparables. Y ves que cicatrizan pero que si tiras mucho se pueden volver a abrir.
A veces el mundo, la sociedad o nuestro entorno nos convierte en juguetes rotos y debemos ser nosotres quienes nos aceptemos. Entender que tenemos nuestras cualidades y nuestras debilidades, con nuestra ansiedad y con nuestros complejos y luchar contra ellos para poder ser mejores el día de mañana. No es malo ser un juguete roto, pero sí es malo aceptar que serás un juguete roto para siempre.
Todes tenemos heridas, pero lo verdaderamente malo es no tender la mano al resto para repararlas juntos. Lo malo es no poder hablar en alto, compartir cómo nos sentimos. Tan difícil, tan complicado, tan sencillo, tan fácil como entender que no es necesario que seamos super-héroes todo el rato. A veces nos tenemos que quitar el antifaz y confiar en las personas más cercanas. Y si ellas no nos dan suficiente confianza, buscar a quienes sí nos la den. Porque duele. Pero, en el fondo, merece la pena







Evelyn Hooker nació hoy, la mujer que demostró que los gays no son enfermos mentales

Se tomó en serio la idea de convencer a la comunidad científica de que la homosexualidad es un rasgo no patológico de la personalidad humana.



























Para la ciencia contemporánea, la homosexualidad es simplemente una de las variaciones naturales del comportamiento sexual humano. No es una enfermedad mental en absoluto. Pero las cosas no siempre han sido así.


Si las cosas en algún momento empezaron a cambiar lo debemos a  Evelyn Hooker , psicólogo estadounidense nacido el 2 de septiembre de, 1907 y murió en 1996, una de las figuras más influyentes en el movimiento LGBT como se dispuso, mediante el  método científico , para convencer a la comunidad científica de que la homosexualidad es de hecho una característica posible (y no patológica) de la personalidad humana.

Fue ella quien publicó los primeros hallazgos científicos que afirmaban que los hombres homosexuales no están "menos bien adaptados" mentalmente que los hombres heterosexuales . L ' Asociación Americana de Psicología la honró con un premio de 1.991 , por esta razón:  "Si los homosexuales fueron considerados enfermos mentales, fueron expulsados de los trabajos del gobierno y detenido en redadas de la policía, Evelyn Hooker ha buscado con valor y obtuvo el apoyo en busca del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) para comparar una muestra pareada de hombres homosexuales y heterosexuales. 

Su estudio pionero, publicado en 1957, desafió la creencia generalizada de que la homosexualidad es una enfermedad, lo que demuestra que los médicos experimentados que usan pruebas psicológicas no lograron identificar al grupo homosexual no clínico.  Este estudio pionero ha proporcionado evidencia empírica de homosexuales normal y apoyado la idea radical que ha surgido que la homosexualidad está en el rango normal del comportamiento humano ... Sus investigaciones y su incansable defensa de una visión científica precisa y la homosexualidad ha sido una contribución de excepcional interés público para la psicología ".

El estudio referido se llama  La adaptación psicológica del varón homosexual declarado  y se publicó en 1957 en la revista científica "Journal of projective techniques". Incluso hoy en día es una de las fuentes más citadas cuando se discute la " despatologización" de la homosexualidad . Hooker decidió comenzar una investigación para verificar la hipótesis de que no había diferencias entre hombres homosexuales y heterosexuales. Para demostrar que habría permitido afirmar que los homosexuales no estaban enfermos como pensábamos y para comenzar el proceso que luego en efecto condujo a la eliminación de la homosexualidad de la lista de trastornos mentales.

Hooker recibió fondos para su investigación del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) , y en 1953 se reclutaron 60 sujetos, considerada mentalmente sanos y se dividió en dos grupos en función de la orientación sexual. Se les realizaron algunas pruebas para medir los rasgos de personalidad, la estabilidad emocional y la coherencia del pensamiento. Después de revisar la información obtenida de los resultados, Hooker encontró que nadie podía distinguir las pruebas realizadas por los hombres homosexuales de las realizadas por el recto, llevando a la conclusión de que la orientación sexual no genera diferencias entre homosexuales y heterosexuales.

El estudio de Hooker y la teoría de Kinsey de la orientación sexual (que data de 1948) han sido la base científica sólida usada para mostrar que los heterosexuales y los homosexuales son iguales desde el punto de vista de la "normal" o la cordura . Sin embargo, a pesar de esto, la homosexualidad no se ha eliminado del manual de los trastornos mentales tan rápido: la " Asociación de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA)  publicado por el sello homosexualidad una enfermedad sólo en 1973Aunque el DSM III (1980) se consideró sólo si el trastorno egodistónica, o cuando un "estado" tal creado dificultades personales y sociales para el individuo. La exclusión completa de la categoría de patología vino con la segunda versión revisada del DSM III ( 1987 ).

En cualquier caso, es bueno reiterar que solo el 17 de mayo de 1990 la OMS finalmente reconoce que la homosexualidad es simplemente "una variante natural del comportamiento humano". Un logro científico y una civilización que, lamentablemente, en la realidad de hoy en día, demasiadas personas, especialmente en la esfera católica, pero no solo, parecen no haberse metabolizado

publicado en: https://www.gay.it











Qué más quieren los gays

Pese a que en las últimas décadas la lucha del movimiento LGTB ha cosechado grandes logros en Occidente, ni siquiera sus miembros menos castigados —los varones homosexuales— han conseguido equipararse socialmente a sus pares heterosexuales y siguen sufriendo disparidades en su salud física y mental. Analizamos el sueño truncado de los gays de Occidente.


Los gays blancos occidentales pueden considerarse los más afortunados dentro del panorama LGTB. No sufren la omnipresente discriminación del colectivo trans ni la invisibilidad del bisexual. La conjunción de machismo y homofobia que afecta a las lesbianas les toca de perfil y no sufren el flagelo del racismo ni, en general, de la pobreza; de hecho, ingresan más dinero —incluso más que los hombres hetero—. Quizás por ello últimamente la izquierda reprocha a los gays estar abandonando sus filas para abrazar posiciones conservadoras, en lo que casi parece una secesión del resto de los colectivos LGTB.
Su normalización aún no es completa, pero ha llegado más lejos que el resto. Desde los primeros ministros de Irlanda, Luxemburgo y Bélgica a Ricky Martin, Pedro Almodóvar o RuPaul, pasando por el director ejecutivo de Apple o el fundador de PayPal, actualmente asistimos a una conquista de la visibilidad cuyo epítome ha sido Moonlight, ganadora del Óscar a la mejor película en 2017.
Estas victorias solo han sido posibles gracias a casi 50 años de una ola activista que estalló el 27 de junio de 1969 en Nueva York con los disturbios de Stonewall. Un variopinto grupo de transexuales, prostitutos, drag queens, lesbianas poco femeninas y gays con pluma dijo “Basta” y respondió a pedradas a las redadas de la policía neoyorquina. Por primera vez la llamada a la liberación LGTB en Occidente no caía en saco roto.
La mecha que allí prendió ha llevado a decenas de países a despenalizar la homosexualidad; hoy solo quedan 74 naciones que aún la criminalicen. Además, 23 países y regiones de otros dos han legalizado el matrimonio igualitario Austria lo hará antes de 2019—, en otros 14 se recoge la unión civil y 26 han legalizado la adopción conjunta de parejas del mismo sexo. Se trata exclusivamente de naciones europeas, anglosajonas y latinoamericanas, que englobaremos de manera laxa bajo el término Occidente.
A pesar de estos logros, que partidos de todo signo cacarean, el aparentemente normalizado colectivo gay continúa sufriendo. La confirmación se obtiene al cotejar sus estadísticas separadamente de las de la población heterosexual.

Arcoíris a media asta

El impacto del VIH aún es catastrófico y mata a 42 veces más gays que heteros. La disparidad en EE. UU. es incluso mayor en minorías como los afroestadounidenses y latinos. Pese a que la lucha avanza con medicamentos preventivos como la PrEP, Europa encadena dos años de cifras históricas de transmisión del virus; en 2016 —último año con estadísticas de la OMS— se registraron 160.000 casos nuevos. Aun así, el virus es cada vez menos mortal y otro mal se erige en nuevo ángel exterminador: el suicidio.
En Canadá el suicidio es la primera causa de muerte de homosexuales; desde 2007 se han suicidado más homosexuales que los que han muerto por sida.  Los gays son cuatro veces más proclives al suicidio que los heteros: entre un décimo y un tercio de los gays europeos y norteamericanos intentarán suicidarse al menos una vez en su vida. En Suecia, con unión civil desde 1995, los miembros de una pareja de hombres tienen tres veces más papeletas para acabar con sus vidas que las parejas de hombre y mujer, y en Países Bajos el comportamiento autolesivo es diez veces más probableentre gays, algo sorprendente en la primera nación del mundo que introdujo el matrimonio igualitario y donde hasta la ultraderecha se considera gay friendly.
El suicidio se ceba especialmente con los que practican determinadas conductas o padecen problemas de salud física o mental. Algunos factores de riesgo son el VIH, el tabaquismo y la drogadicción, la depresión, la ansiedad y las infecciones de transmisión sexual (ITS), así como haber sido víctima de discriminación, acoso o violencia; todos afectan más al colectivo gay que al resto de la población. Otro potente detonante es un bajo nivel académico o económico. La pluma también guarda relación con una mayor propensión a quitarse la vida: al tener más difícil acomodo en una sociedad basada en roles de género, el gay amanerado está más expuesto a la discriminación.
La salud de los gays también es más pobre. En conjunto, la población LGTB es más proclive a diversos tipos de cáncer; en el caso concreto de los gays, desde la adultez temprana sufren más problemas cardiovasculares y son más vulnerables al estrés. En Reino Unido —donde el matrimonio igualitario está legalizado, salvo en Irlanda del Norte—, las personas LGBT duplican la media nacional en posibilidades de sufrir una depresión. Al otro lado del Atlántico, tres de cada cuatro gays menores de 30 años llegados hace menos de un año a Nueva York abusaban del alcohol o las drogas, tenían prácticas sexuales de riesgo o padecían ansiedad o depresión. Muchos llegan cada año a la Gran Manzana para escapar de Estados menos tolerantes, pero esta migración es una experiencia dura; si a ello le sumamos que los gays cuentan por lo general con menos amigos, el sueño puede volverse pesadilla. También en esto les toca la peor parte a los gays con pluma: su probabilidad de sentir soledad o sufrir una enfermedad mental es superior. En el otro extremo, quizás a consecuencia de la presión social para encajar en el estereotipo del macholos gays más masculinos tienden más al sexo sin protección, las drogas y el tabaco.
Para ampliar“Together Alone, The Epidemic of Gay Loneliness”, Michael Hobbes en The Huffington Post, 2017

La huella de la homofobia

A primera vista, resulta complicado arrojar luz sobre este rosario de disparidades que lastran el encaje del gay en la sociedad. ¿Qué armazón discursivo puede estructurar este galimatías de estadísticas desesperanzadoras? La respuesta más coherente es que muchos de estos males proceden de la homofobia, un mal que no se desvanece, sino que se hace más sutil; con frecuencia, los comportamientos y actitudes de los propios gays hacia sí mismos y el resto de la comunidad pecan de la llamada homofobia interiorizada.  
En los primeros años de vida, cuando se produce la socialización, absorbemos normas y valores sociales. Durante este proceso, se interiorizan los roles de género, así como una homofobia velada que impregna todas las capas de la sociedad más o menos sutilmente. Así, si a un niño le llaman maricón, no va a interpretar que alguien se refiere a su orientación sexual, sino que le atacan por no adecuarse al canon vigente de la masculinidad.
El 80% de los niños que se declaran o son considerados homosexuales sufren bullying, pero, a diferencia de los que tienen sobrepeso o un origen étnico diferenciado, pueden intentar ocultar su estatus de minoría. Por eso muchos se convierten en auténticos prestidigitadores: cambiar los andares, abortar a medio camino un ademán poco masculino o impostar una voz más grave son moneda común. Desde la clase de Educación Física a la primera salida nocturna pasando por las conversaciones sobre chicas, las vidas de estos niños suelen incluir dosis elevadas del llamado “estrés de la minoría”: la tensión extra de tener que representar a un colectivo discriminado en un entorno estructuralmente hostil.  
Muchos dan en algún momento el salto —al menos en su círculo más cercano— que eliminará definitivamente la opción de esconderse. La salida del armario genera estrés antes, durante y después de producirse; una vez consumada, sus consecuencias son impredecibles e irreversibles y pueden llegar a ser tan graves como ser expulsado del hogar o incluso la violencia. No es casualidad que el 40% del más de millón y medio de jóvenes sin techo de EE. UU. sean personas LGTB; muchos entran en la edad adulta con la “mochila psicológica” llena de piedras arrastradas desde la infancia. El rechazo estructural de la sociedad genera problemas de autoestima, inseguridad y necesidad de validación.  
Una de las consecuencias más frecuentes es buscar la autoaceptación intentando alcanzar unos estándares de belleza irreales. Aunque se dice que los homosexuales apenas representan el 5% de la población total de varones estadounidenses, casi la mitad de hombres con un trastorno alimentario son gays. Los heteros se apuntan a los gimnasios para mejorar su salud y su imagen, pero los gays lo hacen sobre todo para mejorar su autoestima y recurren al uso de anabolizantes con más frecuencia, con los consiguientes problemas de salud. Más de la mitad de los gays está mal a gusto con su cuerpo.  

Pueblo pequeño, infierno grande

Por lo general, los gays tratan mal a otros gays. Casi podríamos reformular el lema hobbesiano: “El gay es un lobo para el gay”. No es descabellado si pensamos en el potencial destructivo de juntar a individuos que, por su trayectoria vital, comparten una propensión a problemas psicológicos, traumas y complejos. La ausencia de un equivalente a la legendaria sororidad femenina que cultivan las feministas es sangrante.
Los barrios gays, auténtico fenómeno sociológico de la ciudad contemporánea, sobresalen por sus barreras económicas de entrada. Lugares como Chueca, Castro o Le Marais solo son accesibles a unos pocos, ya que estos enclaves son casi sinónimo de gentrificación. Esto les da, de primeras, un componente clasista que restringe sus ventajas —seguridad para demostrar afecto en público, servicios orientados a la población gay…— a aquellos que pueden pagarlas. Solo hace falta ver series como Looking Hunting Season, ambientadas en la escena gay de ciudades estadounidenses pudientes, para observar lo que las estadísticas confirman: los barrios gays pueden ser lugares sombríos. En ellos se consumen más drogas y se transmiten más ITS; es muy fácil encontrar sexo —discotecas, afters, saunas…—, pero no una relación similar a la de una comedia romántica hollywoodiense, algo que muchos gays desean con fuerza, quizás precisamente por el miedo al rechazo que arrastran desde su infancia.  
Pero, si hay un lugar por antonomasia en el que la concentración de homosexuales es incluso mayor que en un barrio gay, son las aplicaciones móviles de encuentros. En 2010 al menos el 70% de varones homosexuales utilizaban aplicaciones como Grindr, aunque esa cifra hoy está desfasada; con 3,6 millones de usuarios diarios, se ha erigido en una moderna ágora ateniense de los gays en Occidente. Grindr y otras aplicaciones pueden ser una bendición para muchos. Su importancia queda de manifiesto en entornos poco amigables, como las áreas rurales alejadas de grandes ciudades, o simplemente en la vida de personas cuyo día a día no implica interactuar con otros gays. Pero, por otra parte, Grindr puede exacerbar lo peor de la sociedad y de la cultura gay. La mercancía se expone y las ideas se intercambian. Hay, eso sí, una diferencia importante con la plaza pública ateniense: la posibilidad de anonimato.
Al permitir filtrar por etnia o tribu urbana, Grindr da pábulo a la peor cara de unas preferencias sexuales que beben de una socialización racista y con cánones de belleza tiránicos que castigan los kilos de más. Tanto fuera como dentro de las aplicaciones, las amplias minorías étnicas en muchos países occidentales suelen ser o bien ignoradas o bien deshumanizadas y convertidas en fetiche. De los asiáticos se esperará que sean afeminados, con un pene pequeño y pasivos —el receptor en el sexo anal—; de personas proximorientales o negras, una actitud dominante y ruda, y los que tengan rasgos propios del subcontinente indio serán muchas veces considerados poco atractivos. Además, las diversas tribus, como twinks —hombre joven, delgado y sin vello— u osos —hombre de mediana edad, con mucho vello y voluminoso—, suponen un sambenito para quienes no se identifican con la actitud que se espera de ellos por su aspecto físico.
Si uno de los motivos por el que muchos se sienten deprimidos cuando utilizan Grindr son los mensajes que denotan gordofobia o un racismo poco disimulado, también abundan las condenas a la pluma. Advertencias como “No locas ni pluma”, “masc disc” —“masculino discreto”— o “macho x macho XL” son algunas de las coletillas más repetidas en las biografías de los perfiles. Esta demonización de la pluma y la preferencia sexual por perfiles que rezuman virilidad se considera un vestigio machista y homófobo que lastra la cultura gay actual. El 71% de los lectores de la revista Attitude afirmaron que la pluma les “cortaba el rollo” y el 41% que daba una mala imagen de la comunidad.
Otro peligro de que Grindr y otras aplicaciones tomen el centro del escenario en la tragicomedia homosexual es que no están diseñadas para su público gay, sino para maximizar el beneficio empresarial mediante la publicidad en una economía de datos —si no tienes que pagar por el producto, el producto eres tú—. El objetivo es prolongar el tiempo de uso; para ello, utiliza la misma estrategia que Facebook e Instagram. El funcionamiento imita una máquina tragaperras, cuya capacidad para generar ludopatía está más que contrastada. La técnica se basa en la obtención de un premio tras realizar un número indeterminado de veces una conducta. Esta puede ser probar suerte en la máquina, refrescar la pestaña de notificaciones o enviar un mensaje a un nuevo torso anónimo.
El refuerzo de la conducta reside en desconocer el número de intentos necesarios para obtener el premio, ya sea dinero o algo igualmente poderoso: un orgasmo. Durante el orgasmo, ciertas áreas del cerebro se activan de modo similar al observado en consumidores de cocaína o heroína, por lo que no sorprende que muchos usuarios de Grindr confiesen sentirse adictos. De hecho, en la aplicación convergen de manera preocupante el sexo y las drogas. Más allá de los perfiles que rezan “4:20” —un código que identifica a los fumadores de cannabis—, hay otros que ofrecen discretamente servicios de camello. También prolifera el chemsex, fiestas en las que el sexo se entremezcla con derivados de las anfetaminas durante horas o días. Estas sesiones han sido catalogadas como un problema de salud pública en Madrid y Barcelona, aunque encuentran su máximo exponente en el Reino Unido, donde un homosexual muere cada mes por consumo de éxtasis líquido.

El progreso no es inexorable

El último de los problemas que enfrenta el colectivo se reproduce entre las grietas de la recién estrenada casa de los nuevos derechos. La creciente ola reaccionaria que sacude los cimientos de Occidente ha vuelto a poner la LGTBfobia violenta en el candelero. Se les recuerda así a las personas LGTB una lección frecuentemente olvidada: el progreso no es inexorable.
Brasil es el país que más preocupa: 387 brasileños LGTB fueron asesinados y 58 se suicidaron tan solo en 2017, una subida del 30% en un año. La causa no es otra que la emergencia de discursos ultraconservadores; la Iglesia evangélica y el político radical Jair Bolsonaro tienen mucho que ver en esta ecuación, pues crean impunidad y destruyen la solidaridad de la sociedad. En septiembre un juez legalizó las “terapias de conversión” de homosexuales.
La situación no es mucho más halagüeña en el mundo anglosajón. Los tres meses que siguieron al referéndum del brexit vieron aumentar los ataques homófobos un 147%respecto al mismo periodo del año anterior. En febrero la isla británica de Bermuda se convirtió en el primer territorio del mundo en desembarazarse del matrimonio igualitario tras haberlo aprobado, y la presidencia de Trump ha supuesto un auténtico golpe para los colectivos. La impunidad que provoca contar con dirigentes con un discurso homófobo llega hasta el punto de que la misma noche de la victoria de Trump un grupo de hombres atacaron a un homosexual al grito de “¡Tenemos un nuevo presidente, putos maricones!”. Cinco meses antes, Omar Mateen se convertía en un ejemplo de masculinidad tóxica tras segar 49 vidas en la discoteca gay Pulse, en Orlando, entonces el mayor atentado en EE. UU. desde el 11S.
Para ampliar“¿Se incrementan las agresiones al colectivo LGTB?”, Rubén López en El Orden Mundial, 2017
Quizás sea la suma de obstáculos que incluso en Occidente convierte la vida de un gay en una odisea llena de escollos. O quizás sea la parálisis ante la ausencia de una Ítaca clara, una vez que el matrimonio ha pasado de horizonte a realidad cotidiana sin por ello normalizar del todo la presencia del gay en la sociedad. Lo cierto es que un profundo pesimismo permea cada capa de la cultura gay occidental en todas las etapas de la vida, desde el zeitgeist derrotista y desencantado en las páginas y perfilesde memes más populares entre mileniales gays hasta el ostracismo de las generaciones más vetustas, que en una escena hipersexualizada y centrada en la imagen sufren una epidemia de soledad.
Como Álvaro Pombo ponía en boca de su protagonista en Contra natura:
“Nadie nos librará jamás de nuestra esencial conexión con la marginación, con el fracaso y con la muerte. La mayor parte de la gracia que aún tenemos los maricas, antes que la trivialidad y la normalidad nos conviertan en simples consumidores pancistas españoles, mariquitas per cápita que contribuyen con normalidad e incluso con un muy buen balance anual a los gastos de la hacienda pública, antes y después de toda esa babosa voluntad de normalización e identidad con los comemierdas que siempre hemos envidiado y odiado, nuestra conexión más pura es con el fracaso, con la marginación y con la muerte”.
 Pero no se lo tomen muy a pecho.
publicado en:  https://elordenmundial.com