lunes, 14 de marzo de 2016

Simón, el topo’, una obra acerca de lo diverso

Por Gabriela Gallegos Dextre*
Los problemas que vivimos en nuestra sociedad nacen en cuestiones “simples” de la crianza y no podemos hacer tregua con el odio dejándolo pasar.
Simón no habla de leyes públicas ni mucho menos entiende de conflictos sociales. Él no marcha, no sabe lo que significa “género” ni le dice a nuestros niños cómo deben ser. Simón es solo un alegre topo de diez años distinto al resto de sus amigos: no le gusta el futbol ni cazar lombrices; le encantan las mariposas, las flores y las formas de las nubes. Simón también se permite llorar si algo le duele, pero tiene que esconderse en una madriguera para que los demás no se burlen de él por ser diferente.
Así como Simón, muchos niños en nuestra sociedad cavan sus propias madrigueras por miedo a la incomprensión que viven -incluso en casa. En la sala de La Plaza, los pequeños parecen entender de manera más radical, honesta y libre lo que a los adultos nos cuesta tanto entender. No necesitan vivir demasiado para reconocer la injusticia o saber debatir elocuentemente para salir a defender al inocente. Somos los propios adultos quienes engendramos después la intolerancia a lo no establecido, al punto de hacer sentir mal al otro por ser quién es. Ciertamente, enseñar a decir “por favor y “gracias” nos queda corto cuando se trata del verdadero respeto. Nos hemos equivocado y el presente lo comprueba. Mientras sigamos decidiendo quién juega con la pelota del jardín y quién no, jamás podremos crecer de verdad.
En el clima de odio y desigualdad en el vivimos es importante recordarnos que los niños son los únicos que nos pueden salvar de repetir los mismo errores. Esta idea – escuchada tantas veces en discursos políticos- pone sobre nuestros hombros la responsabilidad de escuchar a los más pequeños. No “educarlos” para que puedan caber en un molde, sino, ayudarlos a explotar el que traen con ellos sea el que sea.
Este sábado 12 y domingo 13 de Marzo a las 4:30pm, Simón nos espera con una sonrisa fuera de su madriguera para contarnos su historia, las ocurrencias y aventuras que a más de uno harán reír y a otros llorar.
Él espera que todos los niños -incluyendo los que llevamos dentro- se diviertan y jueguen libremente lo que sea que les provoque jugar. Ni una madriguera más.
*Actriz 
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