jueves, 14 de abril de 2016

Cuando la religión mata

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Soy atea. Decir esto es, puedo decirlo, casi tan difícil como salir del clóset.
Decir que uno es ateo  conlleva un estigma terrible: la mayoría de la población cree en algún tipo de dios (y en mi país, el Perú, hay una preponderante mayoría cristiana) y a vista de muchas personas, de terriblemente muchas, yo estoy destinada al infierno y automáticamente me vuelvo una mala persona que vive en pecado.
Como profesional creen que soy mala, como persona creen que soy inadecuada, como LGBT incluso, piensan que soy extremista. Y no, soy una persona más, ni más buena ni más mala, solo que no creo en dios.
Una cosa es decir que no vas a misa, que no practicas las religión, que tienes tu propia idea de dios… y otra es decir que dios no existe. Decir eso me ha costado más miradas de desaprobación que decir que soy bisexual o pansexual. Como atea me siento más sola que acompañada. Siendo pansexual tengo mi marcha del orgullo, mi comunidad LGBT. Siendo atea tengo algunos amigos ateos por ahí, pero nadie que esté diciendo abiertamente que no cree en dios.
La razón de este artículo no es solo exponerme al abatimiento o cuestionamiento público, sino hablar sobre el respeto a dos de los derechos humanos más importantes: el derecho al libre desarrollo de la personalidad y al libre culto. Ambos derechos que se ven trasgredidos cuando, en nombre de la religión, nos creemos con derecho a agredir a otra persona, con palabras, con golpes, con la negación de su existencia.
Pueden discrepar conmigo, pero tengo el derecho de ser atea y de ser pansexual y todos deben respetarlo… (aunque no se da en la práctica). No me malinterpreten: conozco algunas personas creyentes que han respetado mi ateísmo. Algunas, pocas. La mayoría intenta cuestionar algo que para mí es inevitable: no tener fe. Otras intentan evangelizarme sin entender que soy feliz así y me siento coherente así.
Pero no solo los ateos no tenemos una iglesia o no creemos en una iglesia, hay muchas personas que creen en dios a su manera y eso es bueno para sus vidas. Creer en algo superior a nosotros es muy útil y es sano y natural, pero no debe ser impuesto como una verdad y mucho menos puede ser impuesto en un Estado que, con base en lineamientos religiosos, impide que se le otorguen derechos a poblaciones vulnerables (como los LGBTI y las mujeres) que como ley deberían tenerlos.
En este artículo del Útero, un cura en Arequipa (Perú) insta a no votar por candidatos que quieran “matar a los niños o disolver la familia” tildándolos de Herodes (asesinos de niños). Y este es el gran problema de la religión: para la religión existimos personas que no somos personas y creer que merecemos derechos o validarnos ES UN PECADO.
No estoy criticando personas, estoy criticando ideologías. Así como el feminismo cree en la igualdad de género, la religión, en sus bases, cree que la homosexualidad es un pecado e insta a las personas homosexuales a negarse, a pedir perdón y a vivir reprimiendo algo que la ciencia ya hace años comprobó que no tiene nada de malo. Solo así, reprimidos, aceptan que una persona pueda ser homosexual, el pecado es tener sexo homosexual, pero no serlo (?).
No cuestionar esto es una forma de borrarnos, de hacernos chiquitos, de desvalorizarnos… de matarnos socialmente (y, a veces, inspirados en esta idea religiosa de que somos pecadores, matarnos de verdad). No solo la ideología cristiana es agresiva con las identidades que no se ajustan a lo binario ni con las orientaciones sexuales distintas de la heterosexual. La ideología de la religión islámica va más allá: prohíbe las relaciones homosexuales. En muchos países de religión islámica, la homosexualidad (o ser transgénero, para ellos es lo mismo) es un delito y debe ser penado con cárcel. Incluso en algunos lugares se les condena a muerte, la religión nos mata.
En el budismo y el hinduismo no hay textos explícitos que prohíban la homosexualidad o el transgenerismo, aunque en la mayoría explican que ceder a los deseos sexuales (claro, todo tiene que ver con el sexo y los genitales, ¿qué onda con el morbo?), es un impedimento para llegar a dios. Incluso la cienciologia declara la conducta homosexual como una perversión (pero claro, también cree que hay un alien dictador y se les acusa de haber creado una religión solo para lucrar… bueno, no es la única que lucra con la fe ¿no?)
Todas estas concepciones han generado movimientos de violencia hacia las personas que no somos heterosexuales ni cisgénero. Desde violencia física directa, expulsión de la casa y negación de la familia, hasta las nefastas terapias de conversión, que la APA (la Asociación Americana de Psiquiatría), la APA psicológica y otras entidades alrededor del mundo ya han condenado porque no funcionan y porque son formas de agresión. De nuevo, hay un derecho universal humano a la libre expresión de la personalidad, de nuestra identidad, y esto incluye nuestra orientación sexual e identidad de género.
Entiendo que crean que soy una pecadora, lo que no entiendo es que el Estado no me proteja. Es muy importante tener un Estado laico, porque el Estado debería ver a todas las personas como iguales, con igualdad de derechos y promoviendo su seguridad plena.
Esto es lo que creo: todas las religiones condenan la homosexualidad porque rompe con el orden hombre-mujer que tiene el mundo y que se nos impone. Todo aquello que quiera destruirlo (teoría queer, enfoque de género, la homosexualidad, el transgenerismo) es una amenaza para el orden natural y la jerarquía que tiene la sociedad y que nos da un lugar y un rol a todxs.
Desde la ciencia todo se ve un poco más lógico, aquí por ejemplo, hay algunos datos de las sugerencias que da un grupo de autoridades científicas peruanas sobre población LGBTI, género y derechos reproductivos, donde instan al Estado (quien es el mayor perpetrador de violencia para estas poblaciones) a incluir políticas que aseguren la protección de estos grupos vulnerables.
Es más que obvio que tenemos que dejar los fanatismos sin fundamento y que claramente no ven la realidad: las personas LGBTI existimos, el machismo es real. Y eso no se quita rezando.
Desde la ciencia todo se ve un poco más lógico, aquí por ejemplo, hay algunos datos de las sugerencias que da un grupo de autoridades científicas peruanas sobre población LGBTI, género y derechos reproductivos, donde instan al Estado (quien es el mayor perpetrador de violencia para estas poblaciones) a incluir políticas que aseguren la protección de estos grupos vulnerables.
Es más que obvio que tenemos que dejar los fanatismos sin fundamento y que claramente no ven la realidad: las personas LGBTI existimos, el machismo es real. Y eso no se quita rezando.
publicado en: http://sinetiquetas.org/