lunes, 19 de diciembre de 2016

Adoctrinamiento fascista: la Iglesia y su pavor al género (humano)

Profesora y Coeducadora. Master en Violencia de Género por la UNED y Master en Estudios de Género y Políticas de Igualdad por la ULL. Investigadora e integrante de la Asesoría Coeducativa "Las Contadoras de Igualdad".
“Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libresRosa Luxemburgo
Se hace cierto más que nunca el dicho de que una imagen vale más que mil palabras: he aquí la portada del panfleto del que hablaremos a continuación junto con la portada original, que son un niño y una niña haciendo el saludo fascista a una imagen de Franco, en 1939.
Cuando saltó la noticia de que la asociación conservadora y ultracatólica HazteOír enviaba folletos homófobos a 16.500 centros educativos tuve una reacción visceral de enfado y ganas de ir a por estos especímenes humanos incitadores del odio y la violencia. Hablamos de grupos organizados de gente fiel a los ideales destructivos de una institución como la Iglesia católica, gente que tan poco –o nada– aportan a esta sociedad. Realmente creo que existen porque en este mundo tiene que haber de todo, pero, lejos de enriquecer nuestro entorno, lo degradan, y apuestan por convivencias pobres, retrógradas y sumamente opresoras.

Hablamos de grupos organizados de gente fiel a los ideales destructivos de una institución como la Iglesia católica, gente que tan poco –o nada– aportan a esta sociedad.

Ha llegado por fin a mis manos el famoso folleto “¿Sabes lo que quieren enseñarle a tu hijo en el colegio? Las leyes de adoctrinamiento sexual”. He de reconocer, como activista, profesora y formadora de profesorado, que si obviase el odio que subyace tras la intención primera de esta acción por parte de HazteOír, el folleto es una herramienta estupenda, ya que recoge nuestras leyes en las diez provincias de este país –pronto serán más–, sintetiza muy bien los derechos que hemos logrado y hace un recorrido fantástico por los distintos materiales que hemos ido elaborando las personas que sí apostamos por la diversidad de las personas y sí luchamos por construir “un mundo  donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”, aludiendo a nuestra querida Rosa Luxemburgo. Así que casi me atrevería a darles las gracias por haber recogido de manera tan bien ordenada nuestra lucha, nuestras leyes y nuestros derechos conseguidos.
Tanto la FELGTB como las asociaciones LGBTI de las diez comunidades autónomas que tienen la fortuna de contar en su haber con leyes inclusivas e igualitarias hacia la población lésbica, gay, trans e intersexual; todas ellas, así como el resto de activistas, estamos tomando las medidas pertinentes, ya que el mensaje que debe tener claro nuestra población es que la opinión de unos cuantos no puede ser motivo de ir contra unas leyes ya establecidas. Los derechos de las lesbianas, gays, trans e intersexuales son derechos humanos fundamentales y no podemos ir contra estos derechos. Así pues, aquellos centros educativos que decidan hacer caso de la intención maligna e ilegal de este colectivo, incurrirán en contra de la ley vigente en su comunidad autónoma.

Los derechos de las lesbianas, gays, trans e intersexuales son derechos humanos fundamentales y no podemos ir contra estos derechos.

Desde aquí insto a la población sensibilizada con las minorías en riesgo de exclusión –como somos el colectivo LGBTI– a que se una a nosotres y colabore transmitiendo su rechazo hacia estas personas que pretenden oprimirnos, discriminarnos y negarnos unos derechos vitales que salvaguardan nuestra integridad como seres humanos.
Las acciones que podríamos llevar a cabo son muchas:
  • Los equipos directivos de los centros educativos podrían hacer llegar una respuesta a estas asociaciones manifestando su repulsa a sus intenciones discriminadoras y opresoras. 
  • Los consejos escolares podrían igualmente manifestar su rechazo antes iniciativas que atentan contra derechos humanos fundamentales.
  • Llevar el caso a la Fiscalía de cada comunidad autónoma por panfletos propagandísticos que incita al odio en los centros educativos públicos
  • Al igual que luchamos por ponerles caras, nombres y apellidos a los maltratadores que suman víctimas de violencia de género; deberíamos hacer una lista y visibilizar a las personas que están detrás de estas acciones que incitan al odio al colectivo LGBTI: quiénes son, de dónde ha salido el dineral que han tenido que gastarse en esta campaña, etc
  • .
Tanta gente muriéndose de hambre en nuestro país, tantas familias desahuciadas, tanta tragedia en los últimos tiempos a nuestro alrededor debido a una crisis que lleva muchas muertes a sus espaldas, tanta miseria humana en nuestra sociedad…y esta gente destina una cantidad descomunal de dinero en una campaña que incita a más odio, a más tragedias, a más deshumanización de la población. ¿A qué género hacen referencia cuando hablan de “ideología de género”?
No podemos quedarnos inmune ante personas que pretenden amputarnos nuestra condición de ciudadanos; gente para quienes las lesbianas, los gays, les trans e intersexuales no merecemos los mismos derechos que el resto de la sociedad; personas que nos tildan de constituir “una amenaza para la libertad y los derechos fundamentales”, que nos acusan de “promover modelos de comportamiento ‘lésbico, gay bisexual, transexual, transgénero e intersexual’ en las aulas de los centros educativos”. Y yo me pregunto, ¿promuevo yo, por ser lesbiana y no ocultarlo, modelo alguno de comportamiento lésbico? La mayoría somos hijes de madres y padres cisheterosexuales, ¿cómo es que no se nos ha pegado la cisexualidad o la heterosexualidad de nuestros progenitores? ¿Tanto ciega la iglesia como para no dejar ver la diversidad del ser humano? Dicho esto, manifiesto desde aquí que me encanta promover comportamientos lésbicos y disidentes, y transmitirle a mi alumnado LGBTI estos comportamientos como positivos y enriquecedores, ya que vienen a sumar y a hacer nuestra sociedad mucho más rica.

No podemos quedarnos inmune ante personas que pretenden amputarnos nuestra condición de ciudadanes; gente para quienes las lesbianas, los gays, les trans e intersexuales no merecemos los mismos derechos que el resto de la sociedad…

16.500 centros de nuestros país han recibido la semana pasada una propaganda contra las leyes por los derechos LGBTI que protegen los derechos de menores LGBTI en los centros educativos y promueven la formación del profesorado en la diversidad afectivo-sexual y en identidad
des de género. En dicho panfleto, resumen el impacto de nuestras leyes en la población menor en los siguientes puntos, entre otros (cito):

  • Liquidan la libertad de enseñanza
  • Desorientan a los niños al imponerles la diversidad sexual
  • Discriminan a la familia natural e imponen modelos de famliares a padres, maestros y centros de enseñ
  • Privilegian con dinero público el adoctrinamiento sexual y entregan la educación de los niños a las organizaciones LGTB.
Sí, es cierto, existe la libertad de expresión en este país –¡afortunadamente!– y soy la primera en defenderla a ultranza, porque es mucho más alto el coste de no poder expresarse al coste que pueda suponer leer y tolerar opiniones de temas candentes que distan muchísimo de la mía propia. ¿Y qué hay del derecho al honor, se preguntarán buena parte de ustedes? Pues la línea divisoria entre la libertad de expresión y el derecho al honor en este país es tan fina que a menudo se difumina y no es posible ubicarla. Sin embargo, en este caso hablamos de actuaciones dentro de la escuela pública que promueven ideas adversarias contra un grupo de personas por parte de una ideología religiosa, y no podemos olvidar que no solo vivimos en un estado aconfesional a pesar de que no lo parezca y hemos conseguido leyes que nos reconocen y nos amparan, sino que, además, contamos con sentencias que defienden nuestro honor y dignidad. Tal es el caso de la sentencia 214/1991, de 11 de noviembre –BOE núm. 301, de 17 de diciembre de 1991– sobre el caso de Violeta Friedman, en donde se establece lo siguiente:

[] ni el ejercicio de la libertad ideológica ni la de expresión pueden amparar manifestaciones o expresiones destinadas a menospreciar o a generar sentimientos de hostilidad contra determinados grupos sociales []

Pero el panfleto va más allá: no contentos con ir contra la protección de la diversidad familiar, de tratarnos como personas anómalas, de transmitir que nuestras leyes por la diversidad afectivo-sexual constituyen una “amenaza real” y de acusarnos de convertir la heterosexualidad en sospechosa con nuestra ley, se toman las molestias de concluir el folleto con un modelo de carta para que el Señor Consejero –dan por sentado que es un hombre– de cada comunidad autónoma la remita a la Administración educativa correspondiente. Creo que ha llegado el momento de redactar nosotrxs una que ponga los puntos sobre las leyes y aprovechemos la oportunidad para recordar la obligación que la Educación Pública y todos sus estamentos tienen de cumplirla.

Yo a esto lo llamo un “adoctrinamiento fascista” que pone en evidencia el género contra el que verdaderamente está la Iglesia y el que le causa verdadero pavor: el género humano.