viernes, 13 de enero de 2017

¿Retroceder todo lo avanzado? ¿Dejar de seguir avanzando? ¡NI HABLAR!

 DE 

Podría decirse que es bastante apreciable que las identidades LGTB+, así como los derechos que pertenecen a nuestra comunidad, están ‘sobre la mesa’, están en cuestión, están siendo debatidas actualmente en todo el mundo. Qué o quiénes somos, cómo nos sentimos o qué nos atrae, desde mi punto de vista, tiene menos presencia en los debates, que: por qué somos así, por qué nos sentimos así o por qué nos atrae lo que hasta ahora se ha invisibilizado (ojo, que siempre ha existido). Incluso de los entornos más conservadores y LGTB+fóbicos podemos extraer la pregunta: ¿Se puede cambiar lo que somos o lo que sentimos? Y muches se sorprenderán cuando respondemos nosotres: ¿Qué o quién eres tú? ¿Por qué te sientes así? ¿Por qué te atrae algo distinto a ti? (Ya sabemos que cuando el centro de atención y de cuestionamiento es la persona heterocazurra (¡sólo la heterocazurra, no todos los heteros son cazurros!), ésta intentará desviarla en cualquier otro sentido)
La Asociación Internacional LGTB+ o ILGA difunde cada año un mapa, en ocasiones mundial, en ocasiones europeo y en ocasiones ambos, donde se muestra la afinidad o el rechazo de cada país a su población diversa a nivel afectivo-sexual y de género. Es muy interesante comprobar cómo en 2015 (mapa de arriba), Reino Unido era de los países más avanzados del mundo en respeto y promoción de los derechos y las identidades LGTB+, seguidos de Bélgica, Suecia, España, Noruega… Del mismo modo, es interesante contrastarlo con 2016, con una perspectiva global (mapa de abajo), todo lo que nos queda por hacer en el mundo para que sea un lugar más cálido para la diversidad. Cada vez más, las personas LGTB+ tenemos menos miedo a visibilizarnos, a nombrarnos (lo que no se nombra no existe), a reivindicarnos; pero sigue habiendo ciertas amenazas, principalmente, quienes tienen una caverna por cerebro que no les deja pensar
Por mucho que en ocasiones nos veamos amenazades, invisibilizades y coaccionades a ser quienes no somos por la sociedad, no debemos olvidar que en muchas otras partes están mucho más vulnerades y oprimides. Y eso no nos debe llevar JAMÁS a la inactividad o a la aceptación de nuestra opresión ‘porque estamos mejor que otres’. Precisamente, podemos y debemos reivindicarnos en comunidad, puesto que nuestro avance hacia la igualdad sólo puede ser una mano tendida a quienes viven mayores situaciones de desigualdad. Cuando las leyes de protección y reivindicación LGTB+ son aprobadas en un país, es bastante común que los países de alrededor o conectados mediante proyectos similares sigan esa estela igualitaria. Del mismo modo, cuando hay retrocesos en favor de la desigualdad, esa estela también se comparte, por lo que hay que tener mucho cuidado al respecto.

Evidentemente, el tema que aquí tratamos es principalmente la diversidad sexoafectiva y de género. Sin embargo, también debemos plantearnos que el rechazo de este tipo de diversidad nos da algunas claves para reconocer otras discriminaciones. Por ejemplo, y dentro de la discriminación en términos más genéricos, cómo se produce y desarrolla el rechazo a ‘la otredad’, lo que no reconocemos como propio, todo lo que nos parece ajeno a nuestra realidad y de algún modo inconsciente, la amenaza o nos dicen que nos amenaza. No es nuevo para nadie que hasta hace muy poco, y aún en muchas sociedades actuales, cualquier disidencia de la heteroCISsexualidad es vejada, criminalizada y erradicada. Por ello, proyectos tan ilusionantes, aunque en ocasiones tan desafiantes a la norma establecida y tan valientes, que busquen esa igualdad que tanto necesitamos, son la mejor oportunidad para concienciarnos una vez más del sufrimiento que padece tanta gente y no vemos.

No estoy diciendo que no haya muchísima gente concienciada al respecto. Aun así, debemos recordar, y más en un contexto de crisis global y local, que sigue habiendo mucha gente que sufre, que se siente abandonada y oprimida. Y que las discriminaciones, mayores cuantas más identidades (llamadas) minoritarias se reúnen, se transforman en piedras por el camino que son perfectamente evitables. Del mismo modo que el feminismo ha desarrollado y profundizado la erradicación de su opresión, mediante la denuncia de los micromachismos dentro del patriarcado, en el activismo LGTB+ deberíamos seguir investigando qué micro-discriminaciones nos golpean, nos retrasan, nos condicionan.
Es por ello que, desde mi punto de vista, toda persona de la sociedad debería ser activista; porque toda persona tiene, en el fondo de su corazón, un motivo por el que luchar. La lucha, así como la felicidad de luchar por lo que te representa, debería ser algo mucho más generalizado en nuestra sociedad. Y esa felicidad, esa emoción, esa pasión por hacer lo que amamos, es una gran forma de vivir la vida; así empatizaremos más y mejor con el sufrimiento ajeno, es una forma de condicionar positivamente las vidas de les demás, de hacer que cada vida sea una digna de ser vivida. Y en el fondo, cuando todes somos un poquito más iguales, también sabemos y sentimos, que todes somos un poquito más felices.

La realidad escondida